¿Bailas?
Ante las invitaciones que he tenido a lo largo de mi vida para salir a bailar a la pista, siempre he respondido lo mismo con completa seriedad: no puedo por razones genéticas, tengo un gen que me lo impide, me acalambra. Lo más parecido que hago es mover las piernas y tímidamente los brazos en algún concierto de jazz. Sentado, se sobrentiende. Pero, por lo demás, insisto, estoy genéticamente impedido por completo para ejercer de bailarín. Sin embargo, y ahora viene lo asombroso, cuando zaida me levanta los brazos y me dice bailá, bailá, el bobo de su padre la coge y se menea con una soltura que ya la hubiera querido para sus años mozos. Esta mañana hemos danzado ocho canciones girando y girando por toda la casa. Al pasar por delante de los espejos, veía su cara reflejada, apoyada en mi hombro, sonriendo. Es la única mujer que me ha sacado a la pista. Ni su madre ha sido capaz. Otro misterio de la vida.
