El secreto del mal (y II)
Ya que me pongo, voy a aprovechar para soltar aquí una frase de el secreto del mal:
El tesoro que nos dejaron nuestros padres o aquellos que creímos nuestros padres putativos es lamentable. En realidad somos como niños atrapados en la mansión de un pedófilo. Alguno de ustedes dirá que es mejor estar a merced de un pedófilo que a merced de un asesino. Sí, es mejor. Pero nuestros pedófilos son también asesinos.
Y ahora digamos todos en alta voz: amén.
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Nota: el párrafo hay que interpretarlo dentro de una conferencia sobre la literatura latinoamericana, pero cabe, vaya que si cabe, extrapolación.
El tesoro que nos dejaron nuestros padres o aquellos que creímos nuestros padres putativos es lamentable. En realidad somos como niños atrapados en la mansión de un pedófilo. Alguno de ustedes dirá que es mejor estar a merced de un pedófilo que a merced de un asesino. Sí, es mejor. Pero nuestros pedófilos son también asesinos.
Y ahora digamos todos en alta voz: amén.
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Nota: el párrafo hay que interpretarlo dentro de una conferencia sobre la literatura latinoamericana, pero cabe, vaya que si cabe, extrapolación.
